lunes, 28 de abril de 2025

#"Kike y el Encuentro con la Magia de las Letras"

 

Érase una mañana lluviosa en un rincón remoto, rodeado de naturaleza exuberante, donde el tiempo parecía detenerse. El canto de los pájaros y las cigarras tejía una melodía invisible que abrazaba a Villa de las Bendiciones, un lugar donde los misterios susurraban entre las hojas. Era sábado 26 de abril, y el reloj marcaba las 6:48 a.m.

Kike se levantó con poco sueño. La noche anterior había intentado perfeccionar su blog "De la infancia brota la tinta del alma", pero el amanecer lo sorprendió con tareas pendientes y tres retos en su agenda: asistir a un encuentro literario virtual, recibir la visita de Carolina, sus tres hijos menores y su padre, y terminar el video definitivo de su libreto.

Desde las 8:00 a.m., Kike se sumergió en una limpieza general de su hogar. Sin embargo, a las 9:00 a.m., detuvo su labor: era la hora del tan esperado encuentro literario.
El evento virtual, liderado por la escritora Lucía Estrada —poeta colombiana exploradora de sueños, misterios y símbolos—, comenzó cerca de las 9:30 a.m. tras algunos ajustes de video y sonido.

Kike, siempre preparado, traía consigo la tarea asignada: leer una página de un libro a su elección. Recordó entonces El olor de la guayaba de Gabriel García Márquez, ese testimonio vivo donde Gabo revivía la memoria de su abuela.
Sintiendo un eco en el alma, Kike compartió con los asistentes sus propias raíces literarias:


"Hoy quiero compartirles un fragmento del libro El olor de la guayaba, donde Gabriel García Márquez revive la memoria de su abuela y nos revela, con una ternura infinita, cómo los recuerdos más íntimos pueden transformarse en literatura inmortal.
Al leer esa página, sentí un eco en mi alma. Aunque nunca conocí a mi abuela, su figura siempre tuvo un encanto casi místico en los relatos de mi infancia.
Pero fueron mi abuelo Ángel María Sanabria y mi tío Manuel Lucrecio Sanabria quienes moldearon mi manera de ver el mundo.
Cada noche, cuando ellos hablaban, yo navegaba en esos relatos como si fueran velas encendidas que iluminaban mis sueños.
Hoy, más de 56 años después, me descubro escribiendo, evocando aquellos días mágicos y dándole forma a mi propio libro: Historias que Inspiran la Imaginación.
Así como Gabo encontró en su abuelo una fuente inagotable de inspiración, yo encontré en mi familia la esencia para narrar. La niñez, después de todo, es un manantial que nunca se seca. Basta una sola página para regresar al lugar donde todo comenzó: la chispa del alma."

Los seis integrantes del encuentro escuchaban atentos. Milena, una chica de apellido Portugal,  Omar su amigo quién lo había invitado, el profesor Javier, y los demás asistentes no ocultaron su admiración.
Lucía Estrada, la gran moderadora del portal, reconocida en todo el reino de la poesía por su intuición casi mística. con voz serena y profunda, elogió la naturalidad de Kike para evocar la infancia como fuente literaria, esa infancia donde todo es posible.

Kike aprovechó el espacio para hablar también de su primer libro, recibiendo palabras de aliento. Sin embargo, a las 10:30 a.m. debió despedirse: su hogar lo reclamaba.

Continuó con sus quehaceres y, pasada la 1:00 p.m., logró dejar Villa de las Bendiciones lista para recibir a Carolina, sus tres hijos menores y su padre Arnulfo.
Compartieron un delicioso tinto preparado por Kike, mientras conversaban animadamente sobre la vida, la familia y, por supuesto, sobre los sueños que laten entre las páginas de un libro.
Carolina y su familia quedaron fascinados con el proyecto literario de Kike.

No obstante, el cansancio le ganó. Decidió cancelar su asistencia al Mirador Artístico. A las 3:00 p.m., despidió a sus visitantes, quienes partieron hacia Bogotá en su camioneta blanca, llevándose consigo el eco de historias aún por escribir.

Esa tarde, Kike se refugió en la música relajante. Entre acordes y pensamientos, recordó que su amigo Víctor, locutor de Radio Sur, le había dedicado una transmisión especial a las 2:00 p.m.
Absorbido por la visita familiar, no escuchó ni atendió la llamada de Víctor. Sin embargo, su amigo, previendo imprevistos, le había dejado la opción de recibir la grabación.

A las 4:00 p.m., compartió un almuerzo casero con su hijo Juanpis: frijoles con auyama, cebolla cabezona, arroz, plátano artón, lomo de cerdo, papa y maíz pira, acompañados de un fresco jugo de tomate de árbol. Un banquete propio de los mágicos campos de su tierra.

Cuando la noche envolvió Villa de las Bendiciones, Kike terminó de escribir su nueva historia: "Un Encuentro con la Magia de las Letras", evocando la mística biblioteca de Fusa y aquellos relatos de infancia donde, más que palabras, se sembraban sueños.

Antes de dormir, mientras el viento acariciaba los techos como si fueran susurros de antiguas leyendas, Kike cerró los ojos recordando a su abuelo Ángel y a su tío Manuel Lucrecio, esos guardianes de la imaginación. y, escuchó al viento narrarle una última historia:

"Cada palabra que siembras hoy, florecerá en los sueños de mañana."


🌟 Cierre poético:

Hay días en que el alma escribe en el viento.
Días donde un relato basta para encender una vida entera.
¿Qué página estás escribiendo tú hoy?
Comparte tu historia, porque alguien la está esperando.


viernes, 25 de abril de 2025

#Un Encuentro con la Magia de las Letras


 Érase un amanecer de miércoles, 23 de abril, Día del Idioma y del Libro. El sol despertaba con entusiasmo sobre un rincón encantado llamado Villa de las Bendiciones, donde el tiempo parecía detenerse. El canto de los gallos, el trinar del pájaro carpintero sobre un poste de guadua y el susurro del viento entre los árboles componían una sinfonía natural que elevaba el espíritu. A las 6:03 a.m., el viejo reloj marcaba el inicio de un día inolvidable.

Kike se despertó de un sueño apacible. Tenía el presentimiento de que algo especial lo esperaba. Sin embargo, había un reto por delante: su hijo Juanpis, quien solía levantarse a las dos o tres de la tarde. Para que pudieran asistir juntos al Encuentro Literario en Fusagasugá, Kike llevaba días ayudándolo a regular su horario. Le leía cuentos hasta el amanecer, cada noche un poco más temprano, hasta que por fin ese día, logró que se levantara al mediodía.

Con ilusión, Kike dejó lista su camisa azul, su pantalón favorito, y repasó mentalmente lo que diría si le daban la palabra para presentar su libro. También preparó la ropa de Juanpis y un desayuno lleno de amor. Su amiga Karen, cómplice de tantos momentos, ya había cocinado el almuerzo, pero Kike le respondió con ternura:

—Gracias, Karen, tan linda… pero almorzamos con Juanpis cuando regresemos del encuentro.

A las 12:15 en punto, despertó a Juanpis. Para sorpresa de Kike, el niño se levantó con buena disposición, se bañó y desayunó con entusiasmo. El día anterior, Karen y Omar habían planeado regresar a Bogotá, pero tras conversar con Kike, Omar aceptó acompañarlos al evento, y juntos lograron convencer a Karen de quedarse un día más. Ella, no obstante, puso una condición: apenas termine el evento, volvemos a Bogotá.

A la 1:15 p.m. partieron rumbo a la biblioteca pública de Silvania, con las maletas listas. Allí los esperaba la van que los llevaría a Fusagasugá. A las 1:35 p.m., Doña Liliana, jefa de la biblioteca, los recibió con un caluroso abrazo. En el segundo piso dejaron guardadas las maletas, y se reunieron con otros soñadores: el poeta Josué, don Jorge Valdriri, don Gilberto, Damaris Mendoza y Helen Torres. 

A las 2:07 p.m. partieron en la van. Durante el trayecto compartieron emociones, lecturas, anécdotas… y Omar evocaba sus antiguos encuentros literarios en Bogotá. A las 2:30 p.m., llegaron a la imponente biblioteca de Fusagasugá: tres pisos repletos de sabiduría, arte y cultura. Había un salón para niños, esculturas, murales… y lo más llamativo: una rockola cultural.


Juanpis quedó fascinado con los cuentos infantiles y juegos de destreza. En el jardín exterior, frondosas palmas datileras ofrecían sombra y belleza. Kike recordó las tres palmas que había sembrado días atrás en su querido terruño.


Y entonces, la sorpresa del día: una presentación al aire libre de “Cien Años de Soledad”, con más de 40 artistas, entre bailarines y músicos, que dieron vida a Macondo. Aunque sus audífonos estaban dañados, Kike se dejó llevar por la atmósfera. Cada escena, cada tambor, era poesía en movimiento.


A las 3:45 p.m., subieron al tercer piso para un encuentro íntimo con el Club de Lectura de Fusa. Recibieron con cariño a los visitantes de Silvania con pan curazao, bocadillo, manzana y jugo néctar. Comenzaron a leer por párrafos el libro Los Nombres de Felisa, de Juan Gabriel Vásquez. Kike, fascinado, escuchaba atento, sintiendo la magia de cada voz.

Cuando le tocó leer, se desconectó del mundo. Cada palabra salía de su alma. Más tarde, durante la ronda de comentarios, se armó de valor. Recordó a doña Ligia Madagascar y su consejo: “Habla desde el alma”. Tomó aire tres veces, se puso de pie y dijo:


—Soy Jaime Humberto Sanabria, autor de Historias que Inspiran, un libro nacido de mi pasión por la escritura, la reflexión y la vida misma...

Sus palabras fluían como un río claro, espontáneas y profundas. Habló de sus vivencias, de sus sueños, del poder de la inspiración. El público lo escuchaba en silencio reverente… y al terminar, estallaron los aplausos. Luego, compartió una breve reseña de su vida, desde su infancia hasta su llegada a Silvania. Su testimonio tocó corazones. Sintió cómo la energía positiva de sus palabras se esparcía como una ola.

Muchos asistentes pidieron su contacto para adquirir su libro. Kike, emocionado, cerró los ojos y agradeció a la Divina Providencia por aquel instante. A las 6:00 p.m. terminó el encuentro, con fotos, abrazos y promesas de volver.

En el regreso, Omar propuso quedarse una noche más en Villa de las Bendiciones. Kike aceptó con alegría. Sentían que ese lugar tenía un embrujo sereno, una paz envolvente que los retenía dulcemente.

Ya en casa, reforzaron el almuerzo, charlaron hasta medianoche y se desearon una feliz noche. A la mañana siguiente, Kike acompañó a Karen y Omar a tomar la flota rumbo a Bogotá. Los despidió con nostalgia, mientras la neblina cubría las montañas.

Antes de partir, Omar le dejó un papel doblado que decía:

Gracias, Kike, por mencionarme en tus historias, que en verdad llenan el alma de esperanza y optimismo. Hoy, siendo el último día de esta travesía en Silvania, me voy satisfecho por haberme encontrado con seres como tú: un artista fiel a sus ideales, cuyas palabras expresan de manera auténtica su luz interior…

Kike guardó el papel junto a su corazón, sabiendo que aquella jornada quedaría para siempre grabada en su alma… y también en su próximo blog.

jueves, 24 de abril de 2025


 

El domingo 20 de abril amaneció envuelto en un silencio místico, en un rincón del mundo donde el tiempo parece detenerse: Villa de las Bendiciones, en Silvania. La lluvia del día anterior había purificado el aire, y las hojas de los guayacanes brillaban como si la madrugada las hubiera pulido una a una con amor.

Kike se levantó con el alma liviana. Aunque había dormido poco, su corazón ardía como antorcha olímpica. El día anterior había sido la culminación de un sueño largamente acariciado. Y sin embargo, lo intuía: esa página de vida aún no estaba del todo escrita.

A las 8:30 a.m., después de su rutina de meditación y lectura, recibió un mensaje inesperado.

Era Nelo, una amiga entrañable con mirada de sabia y alma de caminante. Le escribió:

“Kike, me enteré que ha sido un éxito total tu libro. ¿Puedo verte hoy? Me encantaría comprar un ejemplar.”

Kike sonrió. No solo por saber que otro libro encontraría su destino, sino porque sentía que ese encuentro traía consigo algo más grande. Acordaron verse a la 1:30 p.m. en el Café Zeratema, su segundo hogar literario.

Kike se retrasó cinco minutos, atendiendo la visita de Karen y Omar, mientras Nelo llegó puntual, con una blusa roja y pantalón negro. Una combinación de colores que, aunque opuestos, evocaban elegancia, pasión, poder y misterio. Se abrazaron como lo hacen quienes se entienden más allá de las palabras.

Se sentaron junto a la ventana, donde la luz del sol entraba como una caricia. Kike sacó un ejemplar nuevo de su morral y se lo entregó con gratitud. Nelo lo recibió como quien recibe una reliquia.

“Este libro tiene energía”, dijo. “No es un libro común. Aquí hay algo más… ¿Lo escribiste desde el dolor, cierto?”

Kike asintió. No hizo falta explicar. Nelo lo comprendía todo. Hablaron de los capítulos, de los personajes que parecían salidos de la vida misma, de los mensajes escondidos entre líneas como tesoros esperando ser descubiertos.

Nelo pidió una malteada. Kike, una crema con fresas. Y entonces, le escribió una dedicatoria que había reservado solo para ella desde hacía semanas:


Para Nelo,

que en la mañana de la vida siembra semillas de amor,
y en cada paso deja huellas de luz.
Este libro y sus historias nacen con el deseo de inspirarte a ser siempre tu mejor versión,
a cultivar en tu corazón la fe, la bondad y la valentía que te hacen única.
Que cada palabra aquí escrita te recuerde que el verdadero crecimiento viene de dentro,
y que los pequeños actos de amor pueden transformar tu mundo y el de quienes te rodean.
Gracias por ser parte de este camino.


En ese instante, llegaron Karen y Omar al café. Ordenaron un tinto suave con jengibre. A cada sorbo, las ideas fluían como ríos nuevos. Nelo compartió su emprendimiento de jabones artesanales hechos con ingredientes naturales. Omar y Karen, encantados, le compraron uno cada uno. Kike ofreció su apoyo para conectarla con más clientes. Se contaron sueños y risas, se tejieron puentes.

Y entonces surgió un plan inesperado: una tertulia literaria. Un espacio donde los lectores pudieran compartir lo que sintieron al leer el libro, lo que sanaron, lo que revivieron.

“No se trata solo de vender libros”, dijo Nelo. “Se trata de despertar almas dormidas. Y eso, amigo, tú lo estás logrando.”

Se tomaron fotos para el recuerdo y se despidieron con una promesa en el aire: volver a encontrarse pronto, con más amigos, más historias, más vida.

Más tarde, ya en casa, Kike, Karen y Omar compraron víveres y cruzaron el sendero interior hacia la vivienda. Mientras Karen y Omar se sentaban en el sofá, Kike notó algo inusual en el pasillo que conduce a la habitación de Juanpis. En el suelo, en una posición curiosa, se encontraba un escarabajo verdoso. Un escarabajo almizclero.


Kike lo levantó con cuidado. Le tomaron fotos y más tarde investigó su significado espiritual:
"En la mitología egipcia, el escarabajo representa al dios Jepri, símbolo del renacimiento y la transformación eterna. Su nombre significa ‘el que llega a ser por sí mismo’."

Un escalofrío suave le recorrió la espalda. La sincronía era demasiado precisa para ser casualidad.

Esa noche, Omar compró una botella de aguardiente amarillo. Compartieron hasta la medianoche. Kike solo aceptó dos copas. Tenía una intuición que le pedía mantenerse sobrio.

Se fue a la cama pensando en la propuesta de Liliana, jefa de la biblioteca de Silvania, quien lo había invitado a un encuentro literario en Fusagasugá el miércoles. Aún no sabía si podría ir. Algo lo ataba al presente, a sus invitados, a los caminos que aún no terminaban de revelarse.

¿Qué le impedía decir que sí a ese encuentro literario?
¿Seguirán Karen y Omar en Villa de las Bendiciones hasta el martes?
¿Y qué otras señales le esperan a Kike en esta historia aún en construcción?

Esta historia continuará.

martes, 22 de abril de 2025

#"El día que la imaginación despertó en Villa de las Bendiciones"



"En los pequeños detalles se encuentra la magia de la vida"

Érase un Sábado Santo, 19 de abril, en una tibia mañana de invierno en Villa de las Bendiciones, un rincón encantado donde el tiempo parece detenerse y lo imposible se vuelve cotidiano. Aquel amanecer, bañado por un sol dorado y el canto celestial de los pájaros multicolores, fue acompañado por una brisa suave que danzaba entre los árboles como si anunciara que algo extraordinario estaba por suceder.

Los visitantes de Silvania comenzaban a empacar sus recuerdos y preparar el regreso a sus destinos. El reloj marcaba las 6:12 a.m., y Kike, con el corazón latiendo como tambor de fiesta, despertaba sabiendo que ese no sería un día cualquiera: ese era el día del lanzamiento de su primer libro, “Historias que inspiran la imaginación”.

Aquel libro no había nacido por casualidad. Había germinado entre leyendas y sueños, en una tierra mágica, donde cada relato estaba lleno de emoción, sanación y una chispa de esperanza. Sus páginas tenían el don de transformar al lector, sumergiéndolo en historias que hacían soñar, reflexionar y volver a creer en lo cotidiano.

Como cada mañana, Kike se sumergió en su ritual sagrado: meditación, yoga, oración, fortalecimiento físico y una lectura inspiradora. Ese día lo acompañó Gabo, con su obra “Vivir para contarla”, como si el maestro supiera que hoy, Kike también estaba a punto de comenzar a “contar su vida”.

A las 3:00 p.m., en el Café Zeratema, se realizaría el gran lanzamiento. Además, existía la posibilidad de una entrevista radial con Radiosur 106.4 FM, gracias al amigo de Karen que viajaba desde Bogotá sólo para ese encuentro especial.

Mientras Juanpis, su hijo, dormía plácidamente en los brazos de Morfeo, Kike desayunaba junto a Karen y Omar. Karen, como enviada de los dioses, había preparado unos huevos criollos revueltos con cebolla y tomate, envueltos asados y un espumoso chocolate que parecía bendecido por el mismísimo Gabriel García Márquez.

El reloj no perdonaba. Kike alistó su mejor atuendo, repasó su discurso 18 veces frente al espejo y, con algunos ejemplares en su morral, partió apresurado hacia el Café. A mitad de camino, comenzó a lloviznar suavemente, como si el cielo también quisiera participar del evento. Kike apuró el paso bajo aquella lluvia mística y llegó al lugar a las 2:27 p.m.

Karen y Omar lo llamaron, preguntando por una sombrilla. Kike, con voz serena, les indicó dónde hallarla y ellos emprendieron camino para apoyarlo, mientras Juanpis seguía durmiendo, como si su inocencia supiera que los sueños también se sueñan despiertos.

Faltando pocos minutos para las tres, Kike revisó su celular. Mensajes llegaban como bendiciones: amigos de distintas partes del país le deseaban suerte y le agradecían la invitación, aunque muchos estaban viajando por Semana Santa. Kike entendió entonces que el día no era perfecto, pero el momento sí lo era.

Doña Laura, organizadora del evento, improvisó como una maga, aunque no había micrófono. Entonces Kike, con su voz como instrumento, decidió hacer algo fuera de lo común: ir mesa por mesa, llevando su historia como un vendedor de sueños.

En la primera mesa encontró a Johanna y su compañero, invitados por doña Liliana, quienes quedaron cautivados por el relato. Luego visitó dos mesas más, donde fue recibido con sonrisas y gratitud. Finalmente, se acercó a los profesores Robinson Galvis y su familia, quienes le expresaron su apoyo y prometieron adquirir el libro en la quincena.


El balance fue tan positivo como el amanecer de ese día: dos de cuatro mesas dijeron “sí” al libro. Johanna no dudó en llevarse un ejemplar, y Kike le escribió una dedicatoria que parecía más bien un conjuro de gratitud:

La vida, en su forma más bonita, une a las personas a través de pequeños detalles… como un libro, una historia o una simple coincidencia.
Hoy me llena de alegría saber que “Historias que Inspiran” llamó tu atención y tocó tu corazón, porque detrás de cada palabra hay un pedacito de mi alma, mis sueños y mis aprendizajes.
Gracias por abrirle espacio en tu vida a estas páginas, por apoyar este sueño y por recordarme que los mensajes encuentran su camino hacia las personas indicadas.
Que cada historia aquí escrita te abrace, te haga sonreír y te inspire a seguir creyendo en la magia de la vida.

Fotos, abrazos y sonrisas sellaron el encuentro. Kike agradeció profundamente a Laura, quien le reiteró su apoyo incondicional para futuros lanzamientos. Con el corazón hinchado de gratitud, emprendió el regreso a casa, inquieto por haber dejado solo a su pequeño Juanpis.

Ya en casa, lo encontró despierto. Le calentó el almuerzo con el mismo amor con el que había cocinado su libro. A la media hora, regresaron Karen y Omar con una noticia que haría vibrar el alma de Kike: el periodista ya venía en camino a Silvania.

A las 9:00 p.m., don Víctor llegó. Karen los presentó y, sin más preámbulos, el periodista propuso hacer de inmediato la entrevista. Fueron casi seis minutos intensos, donde las preguntas fueron precisas y las respuestas de Kike, certeras como flechas del alma.

La noche se extendió entre charlas sobre literatura, periodismo, anécdotas y risas que sanaban el alma. A la una de la mañana, se despidieron para descansar, aunque el corazón de Kike seguía despierto, latiendo con fuerza.

El domingo traería nuevas sorpresas. Antes de regresar a Bogotá, don Víctor prometió grabar unos videos promocionales para presentar el libro de Kike.

¿Qué más aventuras le aguardaban al soñador de Villa de las Bendiciones?

…Esta historia continuará.

 

lunes, 21 de abril de 2025

#“El Escarabajo Sagrado y las Voces del Amanecer”


 Historia

Érase un viernes santo, 18 de abril, en un sitio paradisiaco, rodeado de exuberante naturaleza, donde los pájaros multicolores y las cigarras tejían un coro armónico en un remoto lugar llamado Villa de las Bendiciones, en Silvania, donde el tiempo parece detenerse. Eran las 6:21 a.m. cuando Kike despertó de una noche tranquila, atrapado aún en la magia de un sueño que lo había cautivado.

Soñó con un hombre avaro que intentaba aprovecharse de una humilde mujer en una extraña apuesta. Sin embargo, ella, a pesar de su cansancio y su sencillez, se sobreponía, y cuanto más perdía aquel hombre, más se enojaba, cegado por su soberbia y orgullo. En el último lance, apostó todo… y fue vencido. La mujer, agotada pero invencible, se alzó como la gran triunfadora. En ese instante, una voz desconocida pronunció:
"Cuando avanza la mañana, es una buena mañana."

Kike despertó, buscó su libreta y su esfero, y anotó aquella frase enigmática. No tenía lógica en ese momento, pero horas después la descifró:
“Persiste y vencerás.”
Y comprendió que él era ese espíritu humilde que lucha contra los obstáculos representados por el hombre avaro.

Mientras seguía acostado, evocó los días anteriores. El martes habían llegado sus visitantes: Karen Tatiana y Omar. El miércoles, entre charlas y recuerdos, Omar se confesó:
—Querido Kike, he sido escritor de cuentos, poesías, crónicas y fanzines. También pintor y músico aficionado. Lo que hago, lo hago con esmero, aunque algunos digan que carece de técnica. Vivo una práctica espiritual no como religión, sino como trascendencia, sin pretensiones de superioridad. Respeto toda vida, hasta la de los insectos diminutos… son pequeñas porciones de Dios.

Kike se sintió identificado. Omar continuó:
—Dicen que el signo que me rige, diciembre, me ha dotado de sensibilidad y dotes artísticas. Por eso, tus historias son un espejo en el que me reflejo. Aquel miércoles salieron a hacer compras. Kike logró reunir a última hora una cuota gracias a la venta de sus libros. Aquella tarde, Omar los invito a disfrutar de una cerveza propia de la región en el Café Zeratema.

A la mañana siguiente, Kike le dedicó su primer libro:

“Para Omar, caminante del espíritu y el arte:
Gracias por abrir tu corazón en este encuentro inesperado, que más que casualidad, siento fue un llamado de almas afines. Eres un tejedor de historias y buscador incansable de sentido.
Que estas Historias que Inspiran sean para ti un espejo de tu viaje interior, y de esos seres diminutos y maestros invisibles que, como tú dices, son pequeñas porciones de Dios.
Gracias por coincidir en el misterio de la vida. Que Deepak, Eckhart y Gabo sigan siendo faros para ambos.”

Omar se propuso terminar de leer Historias que Inspiran la Imaginación antes de volver a Bogotá.

La tarde lluviosa del jueves los llevó a caminar por un sendero que Kike conocía hasta llegar al pueblo. Esta vez convencieron a Juanpis para que los acompañara. Recorrieron tres kilómetros por caminos frondosos, charcos de lluvia, y bordeando el río Subia, hasta Silvania.


Kike les mostró la cancha acústica, la iglesia… y Omar los sorprendió invitándolos a un almuerzo en un sitio exclusivo: cuchuco y una picada deliciosa con longaniza, rellena, papa criolla, carne de cerdo y limonada en un restaurante frente a la alcaldía. De allí partieron, a un tercer piso panorámico de un edificio emblemático, cerca de la alcaldía, se deleitaron con cervezas, aromáticas y brownies. Compraron víveres para el viernes santo, cuando gran parte del comercio cerraba.


De regreso, a solo 150 metros de Choriloco, Omar se topó con un escarabajo verde metalizado, enorme y brillante. Le tomaron fotos y videos; era algo único. Más tarde, Kike investigó y descubrió que estos escarabajos son símbolo de esperanza y renovación. En algunas culturas, su aparición señala que la naturaleza está en plena actividad.

Esa noche, Omar salió a comprar una torta de frutas: era el cumpleaños de Karen. Lo celebraron con vino y aguardiente amarillo Néctar. Conversaron de música, crecimiento personal y encuentros literarios en Bogotá. Omar le compartió a Kike su obra: CHIFLÓN REBELDE 2 DIGITAL FINAL. Fue un jueves santo inolvidable.

Ya el viernes, a las 8:37 a.m., Kike, tras meditar, orar y activar sus chakras, se sumergió en la lectura de Una Historia para Contar de Gabo, donde el Nobel narraba la memoria de su infancia y juventud, el origen de su imaginación.

Luego bajó a conversar con Karen, quien le contó, con cierto misterio, que había escuchado la voz de un hombre hablando en la madrugada. Kike, intrigado, fue a revisar a Juanpis y lo encontró dormido. Omar seguía descansando. El misterio quedó en el aire.


Karen preparó huevos revueltos con cebolla y tomate, embueltos silvanenses y chocolate caliente. Más tarde, Omar y Kike recolectaron leña e improvisaron un fogón, mientras Karen recogía auyamas, papas y verduras de la huerta. Con pollo criollo prepararon un delicioso sancocho, acompañado de limonada de naranjas ácidas de la finca.


La tarde transcurrió entre conversaciones sobre literatura y mentores espirituales. Fue entonces cuando, en la sala, apareció un escarabajo sagrado de color negro, igual al de los jeroglíficos egipcios. Lo recogieron, le tomaron fotos y videos. Kike investigó:
El escarabajo egipcio, símbolo del Sol naciente, de protección contra el mal y de fuerza diaria, era también un emblema de resurrección.

Aquella noche, Kike recibió mensajes de amigos cercanos pidiéndole disculpas por no poder asistir al lanzamiento de su primer libro, pues se hallaban de vacaciones. Kike preparó una y otra vez su libreto para su presentación en el Café Taller Zeratema de Silvania.

Y así, con el misterio del escarabajo, las voces del amanecer y los mensajes ocultos en los sueños, la aventura de Kike, Karen Tatiana, Omar y Juanpis apenas comenzaba.

…Esta historia continuará.

viernes, 18 de abril de 2025

#"Los Visitantes del Destino en Villa de las Bendiciones"


 Era un martes 15 de abril, en un rincón escondido del mundo llamado Villa de las Bendiciones, donde el tiempo se toma licencias para detenerse y las mañanas nacen siempre bajo cielos despejados, custodiadas por el canto de los pájaros migratorios. Aquella mañana, las veredas y campos de Silvania respiraban una tregua al invierno, como si la vida entera esperara algo.

Kike despertó de un sueño profundo —uno de esos que dejan ecos en el alma— celebrando en su corazón una visita insólita: Karen Tatiana y su misterioso amigo Omar. No los había visto aún, pero algo dentro de él anunciaba que aquella llegada traería señales, cambios, y quizá… respuestas. El reloj marcaba 5:40 a.m.

Siguiendo su ritual sagrado, Kike se entregó a la meditación, 20 minutos de conversación con el silencio, luego ensayó nueve veces el libreto para el lanzamiento de su primer libro frente al espejo, hasta que las palabras se fundieron con su alma. Como quien convoca los espíritus de sus ancestros, escribió oraciones con la mano izquierda en una hoja blanca, firmó afirmaciones, leyó versículos de la Biblia y terminó “El olor a guayaba” de Gabo, donde se descubrió en las palabras de ese otro soñador, como si fuesen hermanos separados por el tiempo.

La mañana avanzó entre escobas, trapos, y un aire de preparación. Kike sabía que la casa debía estar impecable, como quien limpia no sólo su hogar, sino su espíritu. Tres horas después, todo estaba listo.

A las 3:01 p.m., Karen debía venir ya en camino. Kike la llamó y la sorpresa fue grande:
No, Kike, hasta ahora abordé el bus para irme al terminal —contestó ella.
Kike soltó una carcajada, aliviado de tener tiempo para hacer unas llamadas.

Tres llamadas, tres éxitos. La vida, que es sabia, parecía sonreírle. Entre ellas, Nini confirmó la compra de un ejemplar y Kike escribió con alma la dedicatoria:

"Que nunca se apague en ti la luz de la curiosidad, la fe en los milagros cotidianos y la certeza de que lo mejor de la vida llega disfrazado de pequeñas sorpresas."

A las 3:24 p.m. partió hacia Silvania. En el alto de la Virgen, sonó su teléfono: —Kike, ya vamos en el Altico, en Soacha —anunció Karen.
El tiempo parecía acelerarse. Revisó Google Maps, y ahí estaban, viajando rápido por la carretera como si alguien invisible los empujara. Kike, curioso, decidió esperarlos.

A las 5:16 p.m., la flota se detuvo en Silvania. Los observó descender. Karen, luminosa, y Omar, envuelto en un aura extraña, como un personaje salido de un libro sin final. Se saludaron. Kike les mostró su libro, relatando con pasión su creación, y Omar, sin pensarlo:
¡Te lo compro ya!

Subieron juntos a Villa de las Bendiciones. Karen y Omar se quedarían a pasar la Semana Santa. Pero había algo en el aire, una vibración extraña, como si la villa los estuviera esperando.

Esa noche, ellos salieron a recorrer el pueblo, tomar fotos, comprar víveres. Kike compartió la mesa con Juanpis, disfrutando una sopa de pasta con verduras, arroz, alverja, carne frita y jugo de mango. Era una cena sencilla, pero con sabor a hogar.

A las 8:00 p.m., regresaron con merienda en mano. La casa se llenó de historias, risas, maíz pira, tinto y galletas. Kike narró las peripecias de escribir su primer libro, y entre palabras, algo invisible se movía en los rincones de aquella noche.

Karen y Omar eligieron sus habitaciones, pero nadie sabía aún qué aventuras aguardaban.
¿Qué misterios escondía la visita de aquel amigo desconocido?
¿Qué señales había entrelazado el destino en esa tarde de abril?
¿Serían simples viajeros… o enviados de una fuerza mayor?

…La historia apenas comienza.


Reflexión final:

A veces, las visitas que llegan sin aviso son los mensajeros de los cambios que nuestra alma ha pedido en silencio. La vida, como un buen libro, se encarga de reunir a los personajes cuando el momento es perfecto.

jueves, 17 de abril de 2025

#Del Café Zeratema al Afiche que lo Hizo Real


Érase un lunes, 14 de abril, a las 5:04 p.m.
Una tarde hermosa y despejada abrazaba a Silvania, como si el invierno hubiera decidido, por fin, darle una tregua al pueblo desde el día anterior. El cielo lucía un azul profundo, manchado de pinceladas blancas que flotaban suaves, sin prisa, como testigos silenciosos de un día que ya se perfilaba especial
.



Por primera vez en años, se respiraba una calma desconocida. El corredor  Vía 40 Express Bogotá-Girardot, después de cuatro años de estrés, trancones y plantones pacíficos, finalmente había sido habilitado con tres carriles por sentido. El bullicio había cedido paso al alivio, y esa paz se extendía como un manto invisible sobre los rostros de los habitantes.

En Villa de las Bendiciones, donde el tiempo parece detenerse a 600 metros de la carretera  Vía 40 Express Bogotá-Girardot, se divisaba a lo lejos aquella imponente vía que ahora respiraba tranquila. Allí, Kike terminaba de hacer llamadas a amigos, buscando aliados que creyeran en su sueño: su primer libro.

Fue entonces cuando ocurrió algo que le erizó la piel.
Un mensaje de Laura Baquero, su amiga y dueña del Café Taller Zeratema, apareció en su WhatsApp.
No era cualquier mensaje. Era el afiche promocional del lanzamiento de su libro.

Lo impactante no fue solo verlo — con sus letras elegantes y el logo de aquel rincón mágico de Silvania — sino saber que Laura ya lo había compartido en redes sociales y en grupos locales, dándole vida pública a un evento que, hasta hacía poco, no era más que un susurro en la cabeza de Kike.

Hay personas que con un simple gesto pueden convertir sueños en realidades.
Así fue Laura.
En ese instante, todo cobró sentido: las caminatas, los relatos escritos de madrugada, las conversaciones en cafés, los días de incertidumbre…
El proyecto cobraba forma.
Pero más que el afiche en sí, fue el gesto de lealtad, cariño y apoyo incondicional lo que dejó a Kike conmovido.

Y lo más emocionante:
El afiche anunciaba oficialmente el lanzamiento de su libro “Historias que Inspiran la Imaginación” para este sábado 19 de abril a las 3:00 de la tarde en ese mismo lugar cargado de magia: el Café Taller Zeratema.

Como si eso fuera poco, corría el rumor de que un periodista de Bogotá podría llegar a cubrir el evento.
La posibilidad de que alguien de la capital, con libreta en mano y mirada curiosa, recogiera esa historia nacida en un rincón de Silvania, sumaba misterio, expectativa y emoción al momento.

De repente, Kike evocó un recuerdo muy especial…
El 31 de diciembre de 2024, una tarde en la que la lluvia había cedido, él llegó sonriente y lleno de energía a Zeratema, ese café donde las palabras no solo se dicen, sino que se sienten.
Allí lo esperaba su entrañable amiga Nelo, con su energía generosa y su alma servicial.
Ese día, entre sorbos de café y recuerdos que se arremolinaban como el viento en la plaza, exploraron juntos anécdotas, fotografías y trozos de vida.

Al final de esa tarde, Nelo le presentó a dos amigas: Laura y Stefany.
Ellas escucharon a Kike con atención, cautivadas por su pasión, su sencillez y esa chispa que tiene quien habla desde el alma. Rieron, compartieron ideas y, entre planes literarios y sueños colectivos, Nelo propuso algo que cambiaría el destino de Kike:



Que Laura y Stefany apoyaran su proyecto, exhibieran su libro y le abrieran un espacio en sus vidas y en su café.

Nelo cerró ese encuentro con una reflexión que se quedó tatuada en la memoria de Kike:

“La verdadera riqueza no está en lo que posees, sino en lo que compartes. Las palabras, las historias y el tiempo son tesoros que multiplican su valor cuando los das a otros.”

Hoy, ese pequeño gesto de entonces se había transformado en un afiche, un evento y un sueño compartido.


Cierre Emotivo

Hoy, quiero darle las gracias públicamente a Laura Baquero y a Café Taller Zeratema, ese rincón mágico donde los sueños se vuelven escenario, donde la literatura se respira en cada rincón y donde las palabras tienen vida propia.

Gracias por ser parte esencial de este primer vuelo de mi libro "Historias que Inspiran la Imaginación".

Este sábado 19 de abril, a las 3:00 de la tarde, estaremos viviendo este sueño juntos en Zeratema.
Y quién sabe… tal vez entre los asistentes, un periodista de Bogotá lleve esta historia más allá de nuestras montañas.

Porque cuando los sueños se comparten…

dejan de ser imposibles. 

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