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jueves, 27 de febrero de 2025

#Kike y el Secreto del 26 de Febrero


 El amanecer del 26 de febrero despertó envuelto en un velo de misterio. El reloj marcaba las 5:40 a.m. cuando Kike abrió los ojos tras un sueño profundo. Desde su ventana, observó el horizonte teñido de sombras y neblina, como si la mañana escondiera un secreto. El canto de las aves de colores anunciaba el inicio de un día incierto, pero prometedor. Inspirado por la atmósfera mística, Kike meditó, oró y escribió sus afirmaciones diarias, rituales que eran su brújula en cada jornada.

Tras su sesión matutina, realizó su rutina de ejercicios y preparó un desayuno con los frutos de su huerta: banano, naranja, chocolate caliente, huevos cocidos y pan con mermelada de guayaba casera. Con el aroma de la mañana impregnando la cocina, Kike se sentó a escribir en su blog. Mientras revisaba sus fotos en Google, un recuerdo lo atrapó: tres años atrás, exactamente un 26 de febrero de 2022, había compartido un día inolvidable con sus compañeros del grupo San Cristóbal en Bogotá.



Aquel sábado, Kike había salido trotando desde su casa en el barrio Olaya hasta la entrada del ascenso a Monserrate, recorriendo más de seis kilómetros antes de encontrarse con sus amigos a las 5:30 a.m. Mientras ellos temblaban de frío, Kike irradiaba energía y los animaba con su espíritu indomable. La profesora Jenny, sorprendida por su resistencia, le preguntó:

—Kike, ¿tú no te cansas ni te lesionas? ¡Eres una proeza viviente!

Sonriendo, Kike respondió:

—Gracias por tus palabras, Profe. Me inspiran a convertirme en el mejor atleta máster de todos los tiempos.

Ese día, con la convicción tatuada en su alma, Kike ascendió Monserrate sintiéndose invencible. No era vanidad, sino el poder de la mente manifestando su grandeza. Sus camisetas llevaban la frase: "Kike, el mejor", y aunque el mundo dudara, él sabía que la verdadera fortaleza nacía en el pensamiento.


La nostalgia se disipó cuando el reloj marcó las 2:00 p.m. Kike tenía una cita literaria en la biblioteca de Silvania. Cargó su mochila con ejemplares de su libro "Historias que inspiran la imaginación" y emprendió el camino. Antes de salir, su amigo Víctor le envió una foto: estaba en su sala, leyendo su libro. Un escalofrío de emoción recorrió a Kike. Su historia, su esencia, estaba tocando almas.

Al llegar a la biblioteca, Liliana lo recibió con un cálido abrazo y lo presentó a un selecto grupo de lectores apasionados: Don Jorge Valdirí y Edilberto Silva, críticos de poesía; José Carvajal, joven escritor; y Damaris Mendoza y Rubén Lopera, ávidos lectores. La sesión fue intensa. Se debatió sobre versos que llamaban al corazón "una maldita máquina", y Kike defendió que el corazón era la voz del alma. Luego, al hablar del tiempo y el sufrimiento, recordó una enseñanza de Eckhart Tolle:

—"El final del sufrimiento surge cuando la mente deja de aferrarse al pasado y al futuro. Solo el presente es real".

Los asistentes quedaron absortos. De repente, el tiempo pareció esfumarse y, sin darse cuenta, eran las 4:30 p.m. Habían estado tan inmersos en la conversación que la realidad parecía haber perdido su curso. Se despidieron con la promesa de reunirse en 18 días. Don Jorge, con un brillo en los ojos, le dijo a Kike:

—No todo el mundo escribe un libro. Felicidades, muchacho.

De regreso a Villa de las Bendiciones, Kike preparó un almuerzo especial: frijoles con cebolla entera y zucchini amarillo, arroz integral con verduras, papa salada, carne de cerdo frita y jugo de zanahoria. Saboreó cada bocado con gratitud, reflexionando sobre lo vivido.

Esa noche, al acostarse, una certeza lo envolvió: el 26 de febrero tenía un poder especial en su vida. Un portal que conectaba su pasado, su presente y su destino. Al cerrar los ojos, se preguntó: ¿Qué aventuras me deparará el mañana?

…Esta historia continuará.

miércoles, 19 de febrero de 2025

#La Madrugada de los Milagros


 Era una madrugada misteriosa del 19 de febrero. El reloj marcaba exactamente las 3:33 a.m. cuando Kike despertó, sintiendo una energía distinta, casi sobrenatural. Un silencio infinito envolvía a Villa de las Bendiciones, un lugar donde el tiempo parecía detenerse y la realidad se fundía con el sueño. Se quedó inmóvil en su cama, con la certeza de que esa no era una noche cualquiera. Algo grande estaba por suceder.

Intentó volver a dormir, pero en su mente resonaban las enseñanzas del maestro Deepak Chopra: “Las primeras horas de la madrugada son sagradas. Lo que pienses y declares en esos minutos iniciales moldeará tu día y tu destino”. Sus palabras se materializaban en la penumbra de su habitación como un eco de conocimiento ancestral.

Kike había cambiado recientemente sus horarios de sueño, acostándose a la medianoche y despertando entre las 5 y 6 de la mañana. Sin embargo, esa noche había sido distinto. Había despertado antes, como si una fuerza invisible lo hubiera llamado a ese instante preciso. Sintiendo que era una oportunidad única, comenzó a recitar sus afirmaciones positivas, aquellas que llevaban un mes transformando su vida de maneras inexplicables. Había leído que la ciencia respaldaba estas prácticas: las palabras que decimos al amanecer influyen directamente en nuestra estructura neuronal y hasta en nuestro ADN.

Mientras meditaba y repetía sus decretos, recordó lo sucedido dos días atrás en Fusagasugá, cuando Luis, un antiguo conocido con quien había tenido diferencias, lo abordó inesperadamente. “Kike, quiero pedirte perdón”, le dijo Luis con voz sincera mientras le compraba su libro. Aquel episodio había sido un milagro en sí mismo, una prueba de cómo sus pensamientos positivos estaban manifestando una nueva realidad. Y no solo eso: su salud era inquebrantable, su fortaleza física y mental eran envidiables, y cada día sentía que su creatividad se expandía como nunca antes.

Recordó a su amiga Hilba Prada, quien trabajaba en una EPS en Bogotá y le había contado cómo llegaban pacientes con fortunas inmensas, dispuestos a darlo todo por un poco de salud. “Tienes un tesoro, Kike. Lo que tú tienes no se compra con dinero”, le había dicho con admiración.

Inspirado, se levantó y comenzó su rutina. Realizó ejercicios de yoga, se hidrató, y cuando menos lo pensó, algo asombroso ocurrió: mientras escribía sus metas y objetivos, sintió que su mano se movía sola, como guiada por una fuerza misteriosa. Las palabras fluían sin esfuerzo, como si alguien más estuviera dictándolas en el aire. Sentía cada célula de su cuerpo vibrar con una energía indescriptible.

Se sumergió en su escritura hasta las 10:00 a.m., completamente inmerso en el presente. Fue un lapso de horas donde el pasado y el futuro dejaron de existir. Entendió que al abandonar el ahora, se generaba una brecha de confusión, temor y ansiedad. Pero en ese momento, Kike era uno con el instante.

Al final de la mañana, con una sensación de plenitud absoluta, se comunicó con seis amigos en Bogotá: Isabel, don Darío, Marcela, Carlos Mayorga, Mery y don Manuel Ríos. Todos lo felicitaron y confirmaron su apoyo para la compra de su primer libro: Historias que Inspiran la Imaginación.

Esa madrugada había sido una revelación. Había descubierto el poder oculto en las horas mágicas y en las palabras sembradas al amanecer. Su meta para el siguiente día estaba clara: expandir el tiempo de presencia y dejar que la magia siguiera fluyendo. Quizás, sólo quizás, la vida le tenía reservados más milagros por descubrir.

.....Esta historia continuará

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