miércoles, 16 de abril de 2025

#Un Encuentro que Cambió Todo


 Era el 28 de marzo, a las 3:20 p.m., en una tarde gris, de esas que parecen tener ganas de llorar en forma de lluvia. Kike, como parte de su rutina diaria, había iniciado la mañana con yoga, meditación y respiración consciente en su lugar favorito: Villa de las Bendiciones, un rincón donde el tiempo parece detenerse, donde el canto de los pájaros, el susurro del viento y el aroma de los árboles lo reconectaban con su esencia.

Después de aquella rutina que le daba claridad y paz, decidió llamar a Laura, del Café Taller Zeratema. Él notaba que Laura seguía con entusiasmo sus blogs y pensó en ofrecerle un ejemplar de su libro.

Marcó su número y, al escuchar su voz, la saludó: —Hola Laura, ¿cómo vas con tu emprendimiento?

Laura, eufórica, le respondió: —¡Muy bien, Kike! Y aprovecho para felicitarte por tus blogs, son increíbles las historias que relatas.

Kike, con gratitud, le dijo: —Gracias, Laura. Justamente te llamo para contarte que ya tengo ejemplares de mi libro a la venta. Me gustaría saber si quieres apoyarme adquiriendo uno.

A lo que Laura, en tono emotivo, respondió: —¡Claro! Y si gustas, puedo organizarte un evento de lanzamiento para el sábado 19 de abril en la tarde. ¡Anímate! Viene gente de varias regiones a escuchar este evento.

Kike, entusiasmado, le respondió: —¡Sí, dale! Me interesa muchísimo.

Así pasaron los días, y llegó el 14 de abril. Kike volvió a llamarla a las 10:05 a.m. para confirmarle la realización del evento en Sábado Santo. Kike agradeció a Laura por aquel noble gesto, que para él significaba mucho.

Pero ese 14 de abril no terminó ahí.


Esa misma noche, a las 8:36 p.m., Kike tomó su teléfono y marcó a Carolina, una amiga especial que, tiempo atrás, había tocado su corazón con su historia. Quiso saludarla y compartirle su alegría por todo lo que estaba sucediendo.

Carolina le contestó emocionada, y tras el saludo le expresó: —Gracias, Kike… gracias por aquel blog que escribiste el 20 de enero, “Soltar es Amar”. No tienes idea de lo que significó para mí. Tus palabras, escritas con el alma, tienen ese poder de sanar. Ese día, cambió algo en mí… y hoy quiero contarte que mi hijo, que estaba en Estados Unidos, ha regresado… transformado, lleno de luz y amor.

Duraron hablando una hora y veintisiete minutos, compartiendo experiencias, anécdotas y reflexiones. Kike se sorprendía con cada palabra de Carolina, confirmando una vez más que las palabras que nacen del alma jamás se apagan, sino que tienen el poder de tocar, sanar y transformar corazones, incluso a la distancia.

La charla fluyó tan profunda y sincera que en medio de la conversación, dos llamadas entraron al teléfono de Kike. Con pena, le pidió disculpas a Carolina: —Carolina, discúlpame… me están entrando dos llamadas importantes. Te prometo que seguimos esta charla, porque está siendo muy valiosa para mí.

Se despidieron con cariño y quedaron en seguir conversando más adelante, conscientes de que esas conexiones sinceras y esas palabras desde el alma siempre dejan huellas imborrables.

Desde Villa de las Bendiciones, donde el tiempo parece detenerse y las palabras viajan con aroma a montaña, Kike comprendió que las palabras que se escriben con el alma jamás se apagan. Ellas se quedan latiendo en otros corazones.

Fue hasta el amanecer del miércoles siguiente que Kike decidió compartirle al mundo esta historia, entendiendo que este era solo el comienzo de un camino hermoso, donde su libro, sus palabras y sus vivencias se convertirían en compañía, refugio e inspiración para quienes necesitan volver a creer en la vida.

domingo, 13 de abril de 2025

#“La Villa de las Palabras Invisibles: Crónicas de un Escritor y su Soledad”





  Mi vieja máquina de escribir Brother 750 Deluxe, compañera incansable, junto a mi primer libro publicado. Inspiración que vive y respira en cada palabra que comparto con ustedes.

En Villa de las Bendiciones, entre amaneceres dorados y atardeceres de leyenda, descansa mi vieja máquina Brother. Fue ella la que, con su sonido nostálgico, me susurró la idea de este blog.

Cada tecla presionada era un latido. Cada palabra escrita, un susurro al viento. Así nació Historias que Inspiran la Imaginación, ese primer libro que hoy ves rodeándola como testigo fiel de mis sueños hechos papel.

Esta imagen, que aquí comparto, no es solo una foto. Es un símbolo. La prueba de que las ideas no mueren si alguien las teclea, aunque sea en una máquina antigua… porque las palabras bien escritas viajan en el tiempo.

Aquí comenzó todo.

Aquí empieza cada historia que lees.  

Érase una madrugada encantada, un domingo 13 de abril, en un rincón escondido de Colombia llamado Villa de las Bendiciones, donde el tiempo parece detenerse y las estrellas vigilan desde su trono invisible. El viento traía consigo un susurro antiguo, como si la tierra misma narrara secretos a quien supiera escuchar. Eran exactamente las 12:33 am cuando Kike, escritor de alma vieja y soñador de ojos brillantes, enfocó desde su ventana una escena peculiar: su hijo Juanpis, como sonámbulo, bajaba a la cocina, guiado por un apetito misterioso. Allí, como quien sigue un mapa invisible, encontró unas galletas que su abuela le había enviado días atrás.

Se sentó junto a una reliquia de otra época: la vieja máquina de escribir de Kike, testigo fiel de historias tejidas en los años 80, cuando él llenaba papeles con promesas y escrituras que la gente bien le pagaba en la Notaría. Hoy, 35 años después, Kike renacía como narrador de amaneceres, tallando relatos que pretendían inspirar al mundo entero desde ese rincón de promisión.

La noche anterior, tras cuatro horas de incesante escritura, había terminado un blog titulado “Una Historia de Sueños, Señales y Destinos Cruzados en Silvania, Tierra de Promisión”, donde narraba cómo, después de ocho días de peripecias y una cita esquiva, logró entrevistarse y tomarse una foto con el alcalde Dr. Ricardo Pulido. Pero aquel encuentro iba más allá de una simple imagen; era para Kike una declaración de su propósito: demostrarle al alcalde —y al mundo— su don de desentrañar los misterios y encantos ocultos de Silvania, Colombia… y más allá.

Kike había sentido en carne propia, con cada historia, que Silvania estaba envuelta en un embrujo antiguo, un secreto guardado bajo la tierra y entre los árboles, que solo alguien con su sensibilidad podría descifrar. Por eso soñaba con ser parte de la alcaldía, no solo por un ingreso extra, sino para completar su misión: matar la tristeza de vivir alcanzado y, al mismo tiempo, exorcizar sus demonios escribiendo.

En Villa de las Bendiciones, donde amaneceres despiertan sueños y atardeceres guardan secretos, Kike invitaba a lectores invisibles a navegar mundos donde la realidad se mezcla con la fantasía, y cada narración abría portales a otras dimensiones. Fue entonces cuando comprendió que sus relatos no eran sólo historias, sino una autobiografía en clave.

Nadie, salvo él, podía enfrentar la página en blanco, ese abismo que devora palabras y escupe verdades. Descubrió la delgada línea entre la cordura y la demencia, donde las ideas se reproducen como conejos bajo la luna llena, y la soledad y el frío de la noche se vuelven compañía fiel. Así, como los escritores de todos los tiempos, Kike caminaba ese límite brumoso entre lo normal y lo mágico, entre la vigilia y el delirio.

En esos desvelos, su primer libro, “Historias que Inspiran la Imaginación”, le recordaba que las hazañas más grandes no nacen de los momentos épicos, sino de los pequeños actos valientes de cada día. Personajes anónimos, resilientes y soñadores, que enfrentan la vida con bondad, constancia y amor, lo acompañaban como viejos amigos imaginarios. A través de esas páginas, descubría el poder de las decisiones pequeñas que, como semillas invisibles, cambian destinos.


(Mi vieja máquina de escribir Brother 750 Deluxe, compañera incansable, junto a mi primer libro publicado. Inspiración que vive y respira en cada palabra que comparto con ustedes.)

Cada noche, al ver su antigua máquina de escribir, Kike encontraba la metáfora perfecta de su oficio solitario. Sus blogs viajaban como mensajes embotellados lanzados al mar de internet. La mayoría se hundían en el olvido silencioso, sin una palabra de regreso. Pero como todo buen hechicero de las letras, sabía que en algún rincón, alguien los encontraría, y tal vez, con suerte, cambiaría su mundo un poco.

Así continuaba Kike, cronista de almas anónimas y paisajes embrujados, escribiendo para vencer la soledad, para domar sus demonios, y para recordarnos que incluso en los rincones olvidados de un país pequeño, existen historias capaces de despertar gigantes dormidos.

sábado, 12 de abril de 2025

#“Villa de las Bendiciones: El Día en que el Tiempo se Detuvo”


 

Una historia de sueños, señales y destinos cruzados en Silvania, tierra de promisión.


Érase un jueves 3 de abril, en una tibia mañana de invierno en Villa de las Bendiciones, ese rincón oculto donde el tiempo parece detenerse y la sinfonía natural compuesta por pájaros de colores, ladridos de perros y cantos de gallos envuelve todo como un canto sagrado. Los árboles parecían susurrar viejos secretos y los rayos del sol atravesaban las nubes como dedos de luz.

En medio de ese cuadro de realismo mágico, Kike despertó con buena energía. Como parte de su ritual, meditó, y en un gesto lleno de simbolismo, continuó su reto de escribir con la mano izquierda oraciones que lo conectaban con su esencia: el Ave María, Ángel de mi Guarda, Gloria al Padre, y desde hace tres meses, el Padre Nuestro. Lo hacía no solo como un ejercicio espiritual sino también como un entrenamiento cerebral. Kike, cuyo audífono derecho había dejado de funcionar, buscaba afinar su capacidad de escuchar, ejercitando su hemisferio izquierdo a través de la escritura.

Aquel día, con la fe clara y el espíritu fuerte, se sumergió en las páginas de El olor de la guayaba, de Gabo, absorbiendo cada palabra como un conjuro. Luego escribió afirmaciones, visualizó su futuro y agradeció por quienes ya habían comprado su libro “Historias que Inspiran la Imaginación”… y por aquellos que lo harían muy pronto.

Cuando el reloj marcó las 10:26 am, una llamada rompió el silencio: Adriana, la secretaria del alcalde, lo citaba a la 1:40 pm. Kike se arregló con esmero, dejó preparado el desayuno para Juanpis, su fiel compañero, y partió a las 12:51 pm rumbo a la Alcaldía.

📜 El encuentro

Kike llegó temprano. Diez minutos después, el alcalde apareció, se saludaron y la orden fue dada: que abrieran las puertas de la Alcaldía. Los minutos avanzaron hasta que, justo a la hora pactada, Kike subió al tercer piso. Lo llamaron a la oficina y entonces… comenzó el momento esperado:

Kike expuso cuatro sueños:

  1. Integrarse al equipo de la Alcaldía como creador de contenido para relatar historias de Silvania junto a don Jorge Melo, director de Turismo y Cultura.

  2. Organizar una carrera atlética que llenara de vida las calles del municipio.

  3. Facilitar cursos del Sena para jóvenes y adultos, a través de su amiga Yaneth Rivera, que solo requería un salón y un computador.

  4. Presentarle y venderle su libro al alcalde, quien con agrado le compró un ejemplar.

Kike, emocionado, escribió una dedicatoria que quedó vibrando como una promesa:

Dr. Ricardo, gracias de corazón por brindarme la oportunidad de ser parte del equipo de la Alcaldía. Que este libro sea una fuente de inspiración para liderar con visión, compromiso y pasión, haciendo de Silvania un lugar aún más próspero y reconocido.

Sin embargo, un misterio quedó flotando en el aire. Por culpa de su audífono dañado, Kike no logró escuchar bien las últimas palabras del alcalde. Salió de la oficina con una mezcla de satisfacción y desconcierto… ¿qué habría dicho el alcalde al final? Solo Adriana le confirmó que la foto oficial se tomaría el jueves 10 de abril


🥘 El regreso a Villa de las Bendiciones

De regreso a su refugio, Juanpis lo esperaba. Kike preparó una sopa de pastas con verduras y pollo, arroz con verduras, plátano maduro, papa frita, pasta y carne asada de cerdo, acompañados de un jugo de tomate de árbol, típico de la región.

Esa noche, mientras planeaba escribir esta misma historia, la promesa de la foto lo obligaba a esperar una semana más. En otra esquina de Silvania, la Dra. Olga Romero, don Wilson y el Paisa brindaban en secreto por Kike, deseando verlo algún día como pieza clave en ese equipo de soñadores que buscan transformar la Villa de las Bendiciones en la tierra que inspire a Cundinamarca, Colombia y al mundo entero.

🌙 Y entonces…

¿Qué sucederá el jueves 10 de abril?
¿Qué palabras fueron aquellas que Kike no alcanzó a escuchar?
¿Será que los sueños se tejen en Villa de las Bendiciones con hilos invisibles de fe, destino y magia?

Esta historia continuará…

lunes, 7 de abril de 2025

#"El Video del Destino y el Secreto del Mirador" Una jornada donde la intuición guió los pasos del alma


 Érase un 5 de abril, en una tibia mañana de invierno en Villa de las Bendiciones, donde el tiempo parece detenerse. El canto de los pájaros de colores, los ladridos de los perros y los gallos entonando su melodía formaban una sinfónica única en Silvania. Ese día, el invierno, generoso, decidió dar una tregua.

Kike se despertó distinto. Algo en su interior había cambiado. Atrás quedaban la indecisión y el letargo de una semana difícil. Tal vez fue aquella vocesita, su intuición, que el sábado anterior le susurró algo importante. Hoy era otro día. Se sentía renovado, con buena vibra, preparado para grabar el video final en el Mirador Artístico… que, al final, resultaron ser cuatro.

Dos días antes, su cita con el alcalde había sido un éxito, aunque la falta de una foto aplazó la publicación de aquel inolvidable jueves. Para él, ese día pasó de ser metáfora a realidad. El viernes siguiente celebró con sus cómplices de aventuras: la doctora Olga, don Wilson y el paisita. Pero Kike había prometido no contar esa historia sin la foto. Y Kike cumple sus promesas.

El sábado despertó con una energía sorprendente. Hizo su rutina de tres horas y recitó una y otra vez su libreto, convencido de que era su responsabilidad llevar su libro al mundo. Sacó a relucir ese león orador que llevaba dentro, convencido de ser un escritor único por su forma de interpretar lo cotidiano desde el presente.

Mientras su hijo Juanpis dormía tras acostarse a las seis de la mañana, Kike preparó desayuno y almuerzo. Su ropa de ejecutivo ya estaba lista desde el día anterior: camisa y corbata bien dispuestas. Su presentación debía ser impecable.

Después de unos ejercicios de fortalecimiento, desayunó. A las 2:00 p.m. Juanpis despertó. Kike lo ayudó a ducharse, le preparó el desayuno y lo alistó para el viaje al Mirador. Pero a las 3:15 p.m., cuando ya le tenía los zapatos listos, Juanpis se negó a ir. Prefirió quedarse, y Kike, un poco decepcionado, le dejó su merienda de onces y partió a las 3:35 p.m.

Durante el trayecto, recorriendo un kilómetro y medio, Kike admiraba la majestuosidad de la vía en la 40, ya casi lista con sus tres carriles por sentido. A las 4:00 p.m. llegó justo a tiempo. Doña Ligia y don Germán lo recibieron con los brazos abiertos y le presentaron a dos chicas, una de ellas cantante. Extrañados por la ausencia de Juanpis, escucharon atentos su explicación.

Kike hizo su calentamiento, pero fue doña Ligia, experta en libretos, quien le sugirió ajustar el movimiento de brazos, modular mejor su voz y hablar desde el alma, no como un loro. Le preparó el micrófono, y aunque al principio se enredó, fue tomando confianza. Al final, grabaron cuatro videos: dos interiores (vertical y horizontal) y dos exteriores con el mismo formato.


Kike sintió que aún le faltaba algo, por eso los subiría como borradores. Pero sabía que los próximos días serían clave para mejorar, siguiendo los consejos de doña Ligia. Al terminar, ella le ofreció un delicioso jugo de maracuyá, mientras don Germán y las chicas brindaban con cerveza. Compartieron ideas, y Kike les contó el origen de su libro, el cual doña Ligia tenía exhibido en el centro de su biblioteca.

Entre risas y abrazos, se despidieron. Eran las 5:30 p.m. Kike, preocupado por haber dejado a Juanpis solo, regresó apresuradamente a Villa de las Bendiciones. Quince minutos después, Juanpis lo recibió con una sonrisa pícara. Cenaron juntos sopa de pasta con pollo, arroz, pierna frita, papa salada, plátano maduro frito y Pony Malta.

Esa noche, antes de dormir, Kike dejó listo el borrador de su blog, titulado: "El Despertar de Kike y la Profecía del Poeta Josué". qué publicaría al día siguiente

"Cuando un sueño se escribe con el corazón, se convierte en una historia capaz de transformar otras vidas." – Kike

¿Qué nuevas aventuras esperaban a Kike la siguiente semana?

Esta historia… continuará.

domingo, 6 de abril de 2025

#"El Despertar de Kike y la Profecía del Poeta Josué": Donde los sueños vencen al sueño, y la poesía guía los pasos del alma


 Era un miércoles 2 de abril, en una tibia mañana de invierno en la Villa de las Bendiciones, donde el tiempo parece estirarse como si jugara a esconderse entre los suspiros del viento. El canto de los pájaros de colores, el eco de unos perros en la distancia, y el anuncio solemne de los gallos componían una sinfonía natural que sólo puede escucharse en Silvania, cuando el alma está atenta.

Kike, tras una noche breve e intensa, abría lentamente los ojos. Juanpis, su pequeño cómplice nocturno, había desbordado energía hasta las 2:45 a.m., y fue tanto el ímpetu del niño que contagió al padre. En un intento por domar el insomnio, Kike comenzó a leerle cuentos de fábula. Pero el destino le jugó una travesura poética: fue Kike quien cayó dormido primero, vencido por el encanto de sus propias palabras.

A las 5:04 a.m., despertó en la mecedora, los sueños aún revoloteando en sus pestañas. Juanpis dormía apenas, como si hubiese ganado la batalla de la vigilia. Kike se arrastró hasta la habitación, maltratado por el desvelo, y se tumbó boca arriba para meditar. Sin querer, Morfeo lo arrulló una vez más.

A las 6:48 a.m., Kike se debatía entre el dulce calor de las cobijas y el llamado del presente. Respiró hondo, como si con cada exhalación pudiera atrapar el instante. Tenía un compromiso literario esa tarde: un encuentro con lectores voraces y un poeta de nombre Josué, en la biblioteca municipal, bajo la sabia dirección de doña Liliana.

Como en un ritual sagrado, Kike inició su rutina diaria: meditación, oración, escritura, lectura. Leyó un fragmento de El olor de la guayaba, de Gabo, y con ello sintió que algo en su interior se activaba. Luego, hizo ejercicio, preparó el desayuno de Juanpis, dejó adelantado el almuerzo, y realizó llamadas para ofrecer su libro. La mayoría aceptó encantada, pidiendo más información y detalles para recibirlo pronto.

Partió a las 2:16 p.m. rumbo a la biblioteca. Llegó puntual, como lo hacen los que tienen un propósito claro.

Doña Liliana abrió la sesión con unas diapositivas llenas de frases luminosas:

  • “La poesía es un arma cargada de futuro” —Gabriel Celaya

  • “La poesía no quiere adeptos, quiere amantes” —Federico García Lorca

  • “La poesía es siempre un acto de paz” —Pablo Neruda

  • “La poesía está más allá de la inteligencia” —Jorge Luis Borges

Fueron diez frases en total, como diez puertas hacia mundos paralelos.

Luego entregó a cada asistente una ficha bibliográfica, con un marco fosforescente, como si brillara con una misión secreta. Debían escribir una frase desde su propia esencia, alusiva a la poesía. Kike recordó que tenía muchas en su diario, pero quiso dejar que la inspiración eligiera por él.

Al notar cierto murmullo incómodo, doña Liliana propuso cambiar de salón. El nuevo espacio era más sereno, lejos del rugido de los carros. Allí, Josué recitó dos poemas que estremecieron las paredes:

“Los Heraldos Negros” de César Vallejo,
y un poema profundo de Porfirio Barba Jacob.

Las palabras golpeaban como presagios. Cada asistente compartió su interpretación, pero fue Kike quien dejó a todos en silencio, cuando habló de los mundos paralelos que había experimentado y cómo había tocado, aunque fuese con los dedos del alma, otros planos de la existencia. Contó tres experiencias personales que generaron tanto admiración como desconcierto.

Al finalizar el encuentro, cuando los participantes se tomaban fotos para el recuerdo, Kike propuso un reto audaz: les pidió a sus compañeros que hicieran un borrador del video respondiendo a una sola pregunta:
¿Por qué es importante leer su libro “Historias que inspiran la imaginación”?


La idea fue acogida con entusiasmo. Esa misma noche, Kike subió el video a su canal de YouTube:
🎥https://www.youtube.com/@jaimelescritor2025


El encuentro cerró con fotos y abrazos. La poesía había sembrado semillas invisibles.

Ya en casa, Juanpis lo esperaba con hambre y ternura. Kike, ya todo un alquimista de la cocina, le sirvió una sopa de pasta con pollo, arroz con verduras, papa salada, carne de cerdo asada, lentejas, maíz pira y un jugo de tomate de árbol, fresco del árbol materno de Silvania.

Esa noche, Kike redactó el libreto para el video de su libro Historias que Inspiran la Imaginación. A las 7:00 p.m., se sentó a meditar. El mantra brotó con fuerza:

“Gracias Dios mío, por darme sabiduría e inteligencia para escribir con acierto historias que inspiran al mundo.”

El sueño lo venció como un regalo divino. A las 11:00 p.m., despertó. Juanpis aún veía videos en YouTube, riendo a carcajadas. Y Kike, entre la vigilia y la inspiración, escribió su blog hasta las 4:32 a.m.

Durmió tres horas más, pues al amanecer tenía una cita con el Alcalde.
Y el sábado lo esperaba una misión aún más grande: grabar el video de su libro en el Mirador Artístico, desde donde —dicen— las ideas pueden volar hasta tocar las estrellas.

¿Qué le dirá el Alcalde a Kike?
¿Qué revelación traerá el Mirador?

Esta historia… apenas comienza.

jueves, 3 de abril de 2025

#El Despertar de Kike y la Profecía del Sueño


 Era un martes 2 de abril, en una tibia mañana de invierno en Villa de las Bendiciones, donde el tiempo parecía detenerse. El canto de los pájaros de colores, el ladrido de los perros y el sonido de los gallos componían una sinfonía mágica en Silvania. El reloj marcaba las 6:13 a.m. cuando Kike despertó tras pocas horas de sueño. Se había acostado a las 2:45 a.m., absorto en la tarea de ayudar a su amiga Maticas con un resumen de Juan Salvador Gaviota. No dudó en hacerlo, pues su talento para crear contenido le impulsaba, además de que quería cumplir la promesa hecha a doña María: escribir un blog sobre su visita a Villa de las Bendiciones.

Como cada mañana, realizó su rutina de meditación, oración y escritura. A las 8:46 a.m. bajó a la sala, donde doña María y su madre conversaban. Se saludaron y Kike, con su gesto hospitalario, preparó un tinto con pan tajado y mermelada casera de guayaba, hecha por sus propias manos.

Fue entonces cuando la conversación tomó un giro inesperado.

—Kike, anoche Juanpis estuvo inquieto —dijo su madre con un dejo de preocupación en la voz—. No paraba de deambular por los corredores.

—Encendía y apagaba las luces una y otra vez —añadió doña María—. A veces se oía su voz como la de un bebé, otras como un niño... y en algunos momentos, como un adulto. Era como si estuviera jugando con alguien que no podíamos ver.

Kike sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No había notado nada; el sueño lo había vencido por completo. Pero aquellas palabras, pronunciadas con inquietud, avivaron en él una vieja angustia.

Sabía que la condición de Juanpis iba más allá de lo comprensible para muchos. Desde los tres años le habían diagnosticado autismo, una realidad que Kike había aceptado con amor y determinación. Sin embargo, la falta de recursos le había impedido brindarle la atención que realmente necesitaba.

—Kike, no pierdas la fe —dijo doña María con ternura—. Hay un camino para Juanpis, y ese camino se abrirá.

El joven escritor sintió un nudo en la garganta. En su interior, una certeza tomó forma: su libro debía resonar en el mundo. Era la llave para darle a Juanpis la vida que merecía. Sabía que aún no había alcanzado el impacto que deseaba, pero contaba con amigos que creían en él. Y eso, de alguna manera, era también una luz de esperanza.

Kike, queriendo expresar su gratitud, preparó un chocolate caliente con pan tajado y huevos criollos cocidos. Mientras servía, doña María le extendió un billete.

—Quiero un ejemplar de tu libro para mi hijo. Y otro para mí —dijo con una sonrisa cálida.

Conmovido, Kike tomó su pluma y, con letra firme, escribió una dedicatoria:

María, amiga entrañable que llevo en mi corazón, admiro profundamente tu espíritu emprendedor y tu capacidad inagotable de crear belleza a través de tus artesanías. Eres una fuente de inspiración, una mente creativa que transforma ideas en piezas únicas. Que este libro te motive a seguir explorando tu talento, a soñar en grande y a continuar dejando huella con tu arte.

Con el sol de la tarde iluminando sus rostros, doña María y su madre partieron rumbo a Bogotá. Kike las acompañó hasta la flota Cootransfusa, despidiéndose con gratitud. Sentía nostalgia por su partida, pero también una renovada determinación. Aquellas palabras de aliento habían encendido una chispa en su corazón.

Aquella noche, antes de dormir, Kike dejó el primer borrador de su próximo blog, inspirado en un recuerdo memorable del 1 de abril de 2017. También tomó una decisión: a partir de ese día, velaría porque Juanpis se durmiera primero, aunque ello significara pasar noches enteras en vela.

Al día siguiente, Kike tendría un encuentro literario con lectores voraces y un poeta llamado Josué. ¿Qué planes le aguardaban? ¿Qué aventuras le deparaba el destino a este héroe de carne y hueso, que expresaba la verdad de su alma con claridad y convicción?

Esta historia, continuará...

#La carrera de Kike: conquistando Monserrate con el corazón en la mano


Era un sábado 1 de abril de 2017, una mañana gris y húmeda en el barrio Olaya de Bogotá. La ciudad aún dormía bajo una llovizna tenue que susurraba sobre los tejados y humedecía el asfalto. El reloj marcaba las 4:32 a.m. cuando Kike abrió los ojos, sintiendo en el aire la energía de lo inminente. Se encomendó a Dios, meditó en silencio, anotó en su libreta sus objetivos con la precisión de un alquimista y, con cada respiración profunda, llenó sus pulmones de determinación. La montaña lo esperaba, y él no iba a fallarse a sí mismo.

Su uniforme del Club ADES era su armadura. Bebiendo su Biocros y Egolife como si fueran el elixir de los guerreros ancestrales, Kike se preparó para la batalla. A las 5:15 a.m., con la ciudad todavía sumida en sombras, cruzó el umbral de su hogar. No había buses ni autos en su ecuación; solo sus piernas, su corazón y el asfalto mojado. La Caracas se extendía ante él como un río negro y solitario. Con cada zancada, dejaba atrás el eco de su propio aliento. Pasó el Parque Tercer Milenio, se internó en La Candelaria y surgió en la Quinta de Bolívar como un espectro de la madrugada. Cuando llegó a la entrada del cerro a las 5:45 a.m., sus compañeros apenas comenzaban a calentar.


El sendero peatonal de Monserrate se alzaba imponente: 2.350 metros de ascenso, 1.605 escalones que parecían esculpidos por los dioses para probar la voluntad de los hombres. Sus compañeros partieron cinco minutos antes, convencidos de que su ventaja les garantizaría la supremacía. Pero ellos no conocían el fuego que ardía en el alma de Kike.

Con el primer paso, sintió el llamado de la montaña. La adrenalina rugió en sus venas, cada escalón se convirtió en un latido, cada inhalación en un mantra de guerra. La llovizna y el sudor se entremezclaban en su piel mientras sus piernas devoraban la piedra antigua del camino. Sus compañeros emergieron en su visión como sombras jadeantes, guerreros cansados que aún peleaban su propia batalla. Kike los alcanzó, los dejó atrás uno a uno, su determinación transformada en viento.


Los últimos 500 metros fueron una revelación. El dolor ardía en sus músculos, su corazón tamborileaba con fuerza brutal, pero su mente estaba clara como el alba. La cima lo llamaba. No había dudas, no había cansancio, solo la inexorable certeza de su victoria. Y entonces, tras 25 minutos y 20 segundos de pura entrega, Kike cruzó la meta.

Solo.

Primero.

Victorioso.

Bogotá, envuelta en la niebla matinal, se extendía ante él como un reino conquistado. Sus compañeros, aún escalando, lo miraban con una mezcla de asombro y respeto. Había borrado los cinco minutos de ventaja, desafiado el tiempo y se había encontrado a sí mismo en cada paso.

Correr Monserrate no es solo un reto físico; es un pacto con la montaña, una danza entre el cuerpo y el espíritu. Y ese día, Kike no solo conquistó la cumbre. Se conquistó a sí mismo.

 

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