Crónica de un Padre, un Hijo y un Destino Literario
Érase un lunes 28 de abril de 2025. En una región apartada de Colombia, rodeada de exuberante vegetación y amaneceres que parecían pintados por los dioses, marcaban exactamente las 3:33 a.m. cuando Kike despertó. Como dictado por un misterioso reloj cósmico, abrió los ojos y se incorporó con serenidad. Lo primero fue lo más sagrado: oró en silencio, se encomendó a la Divina Providencia y envió impulsos de amor a su amada Dalida y a su pequeño hijo Juanpis, que dormía profundo, envuelto en los brazos de Morfeo.
Aún en la penumbra, Kike sintió la energía de la montaña. Saludó espiritualmente a la naturaleza que lo rodeaba y se sentó frente al computador a dar los últimos toques a su entrada de blog:
"Kike y el Encuentro con la Magia de las Letras",
un abrebocas de su tercer libro, donde narraría con detalle su viaje épico al encuentro literario en Fusa el jueves 23 de abril, dónde tuvo la oportunidad de presentar su primer libro con el grupo "Club de lectura Gabo".
Terminó de escribir hacia las 5:04 a.m., preparó el desayuno: chocolate con leche espumosa, galletas dulces, tostadas crujientes y huevo cocinado al punto. Se vistió con su traje azul de gala, aquel que según Juanpis lo hacía ver como un caballero de leyenda. Al compás del canto de pájaros multicolores y el zumbido ancestral de las cigarras, despertó suavemente a su hijo.
Aunque Juanpis había dormido poco, irradiaba una energía que parecía bajada del cielo. A las 6:35 a.m. ya estaban rumbo al Parador de Choriloco. A las 7:11, la flota proveniente de Fusagasugá, cortesía de la alcaldía y la biblioteca local, los recogió. Viajaban hacia Bogotá, a la FILBo 2025.
Durante el camino, mientras Kike tomaba notas en su libreta mágica —esa donde decía que las ideas se convertían en realidad—, Juanpis se asomaba a la ventana, sorprendido por cómo aquella vieja carretera se había convertido en una autopista que parecía sacada de una película futurista.
Llegaron a Corferias a las 9:09 a.m. Juliana, coordinadora del grupo de lectores de la biblioteca de Fusa, les indicó que el regreso sería a las 3:45 p.m. Kike se inquietó: la multitud era inmensa y no podía despegarse ni un segundo de Juanpis. Su misión de promocionar los libros que llevaba se esfumaba ante la prioridad más grande: proteger a su hijo.
Pero el destino tenía otros planes.
Padre e hijo ingresaron a la feria tomados de la mano, como si atravesaran el umbral hacia otro mundo. En el pabellón infantil, Juanpis —a pesar de su condición de autismo— se mostraba totalmente conectado con los colores, los libros, los sonidos. Sus ojos brillaban como luciérnagas en una noche mágica. Kike, emocionado, lo miraba con amor. Sentía que ese instante era eterno.
De repente, Kike se detuvo ante un estante. Un libro lo llamó con fuerza invisible:
“El Secreto de Gabo”, de Diego Reyes Prieto, comentado por el mítico escritor J.J. Benítez.
Al sostenerlo, un escalofrío recorrió su columna. Algo en ese título despertaba recuerdos dormidos.
Volvió en el tiempo. Era 1986, en Bogotá. Kike cruzaba la avenida 15 con calle 85. Un automóvil europeo con timón a la izquierda se detuvo en el semáforo. Kike lo observó con curiosidad. Adentro, un rostro que jamás olvidaría: Gabriel García Márquez. Sus miradas se cruzaron por un segundo eterno. Kike sintió que algo le era transmitido en silencio. ¿Un mensaje? ¿Una profecía? El auto arrancó y la vida siguió… pero esa mirada nunca se fue.
Ahora, parado en la FILBo, con Juanpis jugando con un libro ilustrado, Kike comprendió algo: aquel encuentro no había sido casual. Estaba destinado a vivir esta travesía literaria junto a su hijo, y tal vez, solo tal vez, aquel “secreto de Gabo” lo estaba llamando desde el otro lado del tiempo.
"Juanpis y Kike, unidos por la fuerza del amor, el conocimiento y el destino. Esta imagen fue tomada justo frente al cuadro de “El Secreto”, en la Feria del Libro de Bogotá, el 28 de abril de 2025. Un instante donde el pasado, el presente y el futuro se fundieron para siempre".
Recorrieron varios pabellones. Tomaron fotos. Disfrutaron sin apuro. Aunque lamentó que su editora no pudiera acompañarlo, Kike sentía que estaba sembrando la semilla de algo inmenso. A las 3:45 p.m. se reencontraron con el grupo de lectores de Fusa. En el camino de regreso, el cansancio se mezclaba con la satisfacción. Bajaron en Silvania y caminaron hasta la Villa de las Bendiciones.
Cenaron un plato tradicional: arroz, pollo, papa y plátano maduro con jugo de tomate de árbol. Después, Kike sacó sus hojas de block blanco. Con tinta negra comenzó a esbozar lo que sería uno de los capítulos más enigmáticos y reveladores de su próximo libro.
Antes de dormir, el libro de Gabo reposaba en su mesa de noche como un portal hacia el misterio.
Al día siguiente, Kike debía asistir a una capacitación llamada
“Diseña tu Marca”
en la Cámara de Comercio de Bogotá. No lo sabía aún, pero aquella jornada sembraría la idea de una revolución literaria. Una corriente narrativa que lo posicionaría, en un futuro no muy lejano, como uno de los autores más visionarios del continente.
Quien escuche esta historia quizá piense que es la locura de un soñador…
Pero los soñadores, cuando escriben con el alma, terminan por cambiar el mundo.
Y esta historia… apenas comienza.
3 comentarios:
Que historia más bella. Seguro El Secreto de Gabo no los defraudará. Los quiero. Atentamente: Diego Reyes Prieto.
Felicidades Jaime, estoy seguro de que esa nueva corriente literaria que propone podría llegar a tener mucho éxito, es como un diamante en bruto entre sus manos
Estaremos atentos a la continuación de la historia que apenas empieza
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